Luis Perro Baretto fue una figura muy querida del fútbol de Santa Rosa. Exjugador de General Belgrano, director técnico e impulsor de la Liga de Veteranos, dejó numerosas historias dentro y fuera de la cancha. Una de las más recordadas tuvo como protagonistas al equipo del Casino Club y a su gerente, Omar Giménez.
En el fútbol de veteranos hay códigos que parecen inquebrantables: las autoridades, los sponsors y los gerentes suelen encontrar un lugar en el plantel. Roberto Forestier, por ejemplo, fue invitado a jugar por un grupo de compañeros que valoraba tanto su auto, ideal para los viajes, como su buen juego, que demostró con el tiempo.
Forestier era gerente del Casino Club y, cuando se formó el equipo, recibía especialmente a sus compañeros cada vez que iban al restaurante. Más tarde, Giménez ocupó su puesto y heredó también un lugar en el plantel.
Omar Giménez, el gerente que jugaba poco
Cuando alguien preguntaba cómo jugaba Giménez, la respuesta solía ser la misma: «¡Voluntarioso!». En el lenguaje futbolero, la palabra describía a alguien que corría mucho y le ponía ganas, aunque no siempre lograra dominar la pelota.
El director técnico era Baretto, conocido por su carácter frontal y por aplicar un criterio exigente. A Giménez le daba pocos minutos: por lo general, lo mandaba a la cancha sobre el final del segundo tiempo, en consideración a su cargo de gerente.
Sin embargo, el técnico tenía un beneficio especial fuera del campo. Cuando iba al restaurante del casino, se sentaba en la mesa principal, pedía lo que quería y la cuenta quedaba a cargo de la casa.
La venganza en el restaurante del Casino Club
Una noche de sábado, después de una jornada de fútbol bajo el sol, Baretto llegó al salón con hambre y pidió su cena habitual: un lomito completo con papas fritas y una gaseosa fría. Lo que no sabía era que Giménez lo esperaba desde la oficina de gerencia, atento a las cámaras de seguridad y con una instrucción especial para el mozo.
Diez minutos después, el pedido llegó a la mesa. Pero el técnico encontró medio lomito y medio vaso de gaseosa. Indignado, reclamó al mozo, que le respondió: «Es la orden que tengo, Señor Baretto. Es exactamente lo que me mandaron a servirle».
«¡Giménez! ¡No sabés la locura que están haciendo los muchachos acá en la confitería! ¡Tenés que venir a ver esto, es una falta de respeto!»
En ese momento, Baretto recibió una llamada del gerente. Giménez le confirmó que seguía la escena por las cámaras y le explicó el motivo de la medida: «Pasa una cosa muy simple, Luis: el día que me pongas a jugar el partido completo, el lomito y la Coca van a llegar completos».
El partido completo y el lomito con papas dobles
Según cuenta la anécdota, el sábado siguiente Giménez fue titular, llevó la cinta de capitán y quedó designado para patear un penal si se presentaba la oportunidad. También jugó los noventa minutos.
La coincidencia tuvo un premio para Baretto: esa noche, el lomito llegó completo y con ración doble de papas fritas.