06/09/2026 20:09
Eduardo Castex
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María Adrover, 65 años, cuidó de su marido con cáncer y alzheimer mientras trabajaba en un hotel: “Cada día recibía una mirada suya, un beso o una caricia, con eso sacas fuerzas” Incendio en un popular restaurante de Puerto Madero: evacuaron el lugar y dos personas fueron atendidas por el SAME Hospitalizaron a la reina Margarita de Dinamarca, de 86 años, y no estará presente en el funeral del rey Harald V de Noruega En el Reino Unido presionan al primer ministro para castigar a la Argentina: buscan trabar su entrada al Transpacífico y la candidatura de Grossi a la ONU Nuevas batallas del Congreso, el botín de los intendentes y la mejor frase sobre Malvinas Pescadores de Ecuador narran su "martirio" tras ser interceptados por militares de EEUU Al menos cinco muertos tras estrellarse un avión de Amazon cerca del aeropuerto de Miami Pasquantino y Pérez conectan jonrones y Reales ganan 6-1 a Azulejos, que salen de zona de playoffs María Adrover, 65 años, cuidó de su marido con cáncer y alzheimer mientras trabajaba en un hotel: “Cada día recibía una mirada suya, un beso o una caricia, con eso sacas fuerzas” Incendio en un popular restaurante de Puerto Madero: evacuaron el lugar y dos personas fueron atendidas por el SAME Hospitalizaron a la reina Margarita de Dinamarca, de 86 años, y no estará presente en el funeral del rey Harald V de Noruega En el Reino Unido presionan al primer ministro para castigar a la Argentina: buscan trabar su entrada al Transpacífico y la candidatura de Grossi a la ONU Nuevas batallas del Congreso, el botín de los intendentes y la mejor frase sobre Malvinas Pescadores de Ecuador narran su "martirio" tras ser interceptados por militares de EEUU Al menos cinco muertos tras estrellarse un avión de Amazon cerca del aeropuerto de Miami Pasquantino y Pérez conectan jonrones y Reales ganan 6-1 a Azulejos, que salen de zona de playoffs
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María Adrover, 65 años, cuidó de su marido con cáncer y alzheimer mientras trabajaba en un hotel: “Cada día recibía una mirada suya, un beso o una caricia, con eso sacas fuerzas”

María Adrover, 65 años, cuidó de su marido con cáncer y alzheimer mientras trabajaba en un hotel: “Cada día recibía una mirada suya, un beso o una caricia, con eso sacas fuerzas”

Adrover pasó seis años cuidando de su marido mientras gobernaba un hotel en Mallorca. Ahora se prepara para su cercana jubilación: “Soy feliz trabajando, pero hay que dar paso a la

María Adrover se emociona cuando habla de su marido Antonio (o Toni, como le llamaban sus allegados). Ella tenía 20 años cuando se casaron y se fueron a vivir a la Colònia de Sant Jordi, una pequeña localidad al sur de Mallorca. Al poco tiempo, empezó a trabajar como camarera de pisos y, más de cuatro décadas después, la mallorquina celebrará su inminente jubilación, siendo ahora gobernanta de un hotel.

En toda su trayectoria profesional, Adrover ha trabajado en solo dos hoteles. En el primero, una pequeña pensión, pasó cerca de treinta años encargándose de la limpieza de las habitaciones. Luego, su labor y capacidades la llevaron a gobernar el alojamiento. Fue en esta segunda fase de su carrera laboral cuando su vida personal sufrió un giro indeseado. Su marido fue diagnosticado de cáncer. “Estuvo tan malito que su cerebro sufrió y derivó en un alzheimer”, explica a La Vanguardia. Hace dos años que falleció, tras seis padeciendo la doble enfermedad.

Así, de una manera u otra, la vida de Adrover ha estado marcada por el cuidado de los demás: de los huéspedes, de su hija, de su marido y, actualmente, de sus dos nietos y de su madre. “Por ello, siento paz, tranquilidad y alegría al mismo tiempo, porque soy feliz trabajando y con mi familia”, reconoce.

¿Cómo cambió su rutina para cuidar de su marido y trabajar al mismo tiempo?

La rutina es complicada cuando tienes a una persona enferma. Porque mi marido tenía dos enfermedades. Al final el cáncer ganó. El alzheimer estaba ya muy avanzado y ya no me conocía, pero él seguía siendo muy bueno. Fue duro, pero no complicado, porque he tenido el apoyo de mi empresa, de mi familia y, por supuesto, de mi hija.

En el trabajo tuve horario flexible. Me lo pusieron todo fácil. Si yo tenía que salir en algún momento podía irme y luego volver.

¿Tuvo ayuda externa?

Los últimos años fueron los más duros y yo sola ya no podía moverlo. Venía una señora a ayudarme y se quedaba hasta que venían a recogerlo, porque iba a un centro de día. Por la tarde lo iba a buscar yo.

¿Se sintió sobrepasada por la situación en algún momento?

Dentro de la desgracia he tenido mucho apoyo. Yo soy muy positiva. Soy de las que siempre ven la botella más llena que vacía. Hay que tener fuerza, seguir adelante y ver que cada día hay una cosa buena. A diario recibía una mirada suya, o un beso o una caricia. Con eso sacas fuerzas para ti y para él.

¿Le ayudó el seguir trabajando?

A veces, trabajando, tienes momentos en los que piensas, pero el trabajo, si estás a gusto, es una evasión. Te distrae un poquito del problema que tienes. Es una ayuda mentalmente porque disfruto de lo que hago.

¿Considera el hotel su segundo hogar?

Sí, porque me siento muy a gusto. Siempre hago la broma de que soy la abuela de todos porque soy la más mayor. Me siento muy arropada por mis compañeros y esto es una suerte. Estoy muy feliz trabajando, las cosas como son.

¿Cómo afronta esta última recta en su vida laboral?

Tengo sentimientos encontrados. Bien, porque voy a estar más con mis nietos, pero también lo voy a extrañar mucho. Porque, repito lo mismo, yo soy feliz trabajando. Pero hay que ser conscientes de que yo ya soy de la vieja escuela y hay que dar paso a la juventud, a la innovación. Una buena retirada es una victoria, como suelen decir.

¿Le abruma el cambio?

No, ¿por qué? Son cambios. Pasamos de la niñez a ser adultos sin darte cuenta y de adulto, también sin darte cuenta, dices: “Qué mayor soy”. Pero tienes que entender que eso es la vida.

¿Qué planes tiene cuando esté jubilada?

Mi prioridad es disfrutar de mis nietos y estar con mi madre. También con mis amistades, que ya estamos hablando de poder hacer algún viaje. Quiero ver el mundo, salir un poco. Y seguir con mis paseos por estas playas, que para mí es una relajación total. O ver el atardecer desde el faro. El mar, para los que estamos acostumbrados a ir, es vida.

Después de toda una vida dedicada a la hostelería, ¿con qué se queda?

Con la importancia del aprendizaje. Desde los 21 hasta los 65 he ido aprendiendo de la gente, a convivir, a trabajar, a saber qué necesita el cliente, a comprender a mis superiores y aprender de ellos, de los cursos... Ayuda mucho a tener más confianza en ti misma. Con 65 años todavía aprendo.

¿Qué es lo que más ha cambiado?

Los clientes de antes pasaban mucho tiempo en el hotel, venían unas dos semanas. Ahora vienen pocos días, son más exigentes por muchísimas razones y quieren acapararlo todo. Aunque todos buscan lo mismo: que les atienda gente simpática.

Anna Rodríguez Hurtado

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