En 2012, el Reino Unido amplió el embargo y las restricciones adicionales a la exportación de armamentos y bienes de uso militar y civil contra la Argentina, que ya regía desde el final de la guerra de 1982. Gobernaba el primer ministro conservador David Cameron, que tomó esa medida bajo la tensión de su administración con la entonces presidenta Cristina Kirchner por la soberanía de las Islas Malvinas.
Catorce años después de aquellos choques, el escenario vuelve a tensarse por el mismo conflicto. Y encuentra al primer ministro laborista Andy Burnham, que sucedió en julio pasado a Keir Starmer, bajo fuerte presión de todos los sectores para para que castigue a la Argentina por los anuncios de Javier Milei en la cadena nacional del jueves pasado.
Aupado por las crípticas amenazas de Donald Trump a Londres de que podría abandonar la "neutralidad" diplomática de EE.UU. frente al conflicto de Malvinas, lo que en teoría favorecería a la Argentina, Milei anunció sanciones contra empresas vinculadas a la explotación petrolera en aguas circundantes a las Malvinas. Y decidió dar más presupuesto a la Defensa nacional para dar mayores fondos a la presencia militar en el Atlántico Sur. Le dará impulso a la construcción de una nueva base naval a unos cientos de kilómetros de las islas.
Es un cambio de 180 grados en la política presidencial del libertario hacia Gran Bretaña, donde lo veían, a diferencia de los Kirchner, como un “aliado”. Por eso este fin de semana se levantaron voces de todas las tendencias en el Reino Unido contra la Argentina.
Los tories, el grupo conservador, instó al premier a vetar el ingreso de la Argentina al Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) mientras “intente intimidar” a Gran Bretaña. En junio, el canciller Pablo Quirno se sacó sonriente una foto con papel y lapicera mostrando la firma de solicitud de adhesión ante Nueva Zelanda, país depositario del mismo.
Los tories quieren volver a la carga contra la Argentina en el G20, donde ya lo hicieron contra Cristina Kirchner. Y lo que sí puede tener impacto de corto plazo es el veto que le reclaman a Burnham contra la candidatura del argentino Rafael Grossi a la secretaría general de las Naciones Unidas. Según el diario The Times, este domingo, la candidatura del actual director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, presenta un “dilema”: si Grossi, que fue lanzado formalmente como candidato de Milei, llegara al máximo cargo de la ONU, tendría una posición institucional desde la cual podría incidir en cuestiones internacionales vinculadas con el conflicto, indicó la publicación. Grossi había sorprendido a los argentinos con una declaración en la que sería "imparcial absoluto" .
El veto de un miembro permanente del Consejo de Seguridad es un grave problema para Grossi -como lo fue para la ex canciller argentina Susana Malcorra- lo que se suma a las fuertes críticas que ya le hizo al argentino el gobierno de Rusia y a las amenazas veladas de China. El gobierno de Xi Jinping por cierto furioso por las declaraciones del director de comunicación digital Juan Carreira sobre las causas de la tragedia natural en Nepal -responsabilizó a una “empresa estatal” y al partido comunista chinos por ella- generaron amenazas veladas también contra la candidatura de Grossi.
Es en todo este contexto que Kemi Badenoch, la líder del Partido Conservador británico, acusó al premier Burnham de ser "demasiado débil" frente a la Argentina y sostuvo que Milei estaba aprovechando esa debilidad.
A su vez, el ex primer ministro Boris Johnson, que estuvo en la Casa Rosada con Milei en 2024, y a quien el libertario le pidió que si viajaba a Londres quería conocer a Mick Jagger, líder de los Rolling Stones, apareció apoyando una respuesta mucho más dura. Pidió que Burnham envíe inmediatamente recursos militares adicionales a Malvinas para demostrar en la práctica el compromiso británico con la defensa de las islas.
Además, Johnson criticó a un ex funcionario de la Cancillería británica, Lord Simon McDonald, quien había planteado que Gran Bretaña debería negociar con Argentina porque las islas representan un costo millonario para el contribuyente británico. Johnson califica esa posición de "inmoral, estúpida o peligrosa".
La ofensiva política contra la Argentina crece en Londres porque también los conservadores y el ultraderechista de Reform UK compiten por mostrarse más duros frente a Milei. Robert Jenrick dijo que Nigel Farage -el ahora ex aliado del libertario- “aplastaría” a la Argentina ante cualquier intento de avanzar sobre las islas.
A todo ello suenan los tambores de remilitarización británica de las Malvinas, ya fuertemente custodiadas. Hasta Tan Dhesi, presidente del Comité laborista de Defensa, afirmó que las declaraciones del presidente argentino demuestran por qué el gobierno debería aumentar el gasto militar al 3% del PIB para 2030. Sin embargo, señaló que los planes de Burnham siguen sumidos en la confusión después de que el primer ministro pareciera asegurarle que se alcanzaría el objetivo de 2030, para luego retractarse.
El balance incluyó una medición de que ellos cuentan con un presupuesto en defensa de 68.000 millones de libras hoy, y hay 80.000 millones previstos para 2029, mientras que en Argentina el presupuesto es de tan sólo 3.800 millones de libras. En el Reino Unido comparan ademas el poderío militar de defensa que tienen uno y otro país y que obviamente superan ellos por lejos.
Clarín consultó con fuentes británicas sobre lo sucedido en las últimas horas y las mismas consideran que a esta altura es “peor” que la tensión que tenían siempre con los Kirchner, los verdaderos autores del recorte de las comunicaciones con Malvinas y de las sanciones a las empresas que operen en el archipiélago. Sin embargo, hasta ahora, este diario no pudo constatar que hubiera una protesta diplomática formal a través de las cancillerías ni embajadores convocados, lo que puede cambiar en las próximas horas.
Hasta hace unas semanas, el canciller argentino y la embajadora libertaria en Londres, Mariana Plaza, trabajaban diplomáticamente en el sentido contrario a la explosiva cadena nacional nacionalista de Milei del jueves: Quirno, la secretaria del Area Malvinas, Paola di Chiaro y Plaza buscaban llevar a Milei a Londres para una "Semana Argentina", similar a la que hicieron en Nueva York y la que harán en Paris. También trabajaban en el pedido de los británicos para que se levantaran lo que llaman “obstáculos” contra las islas levantados por el kirchnerismo, o sea las sanciones, que ahora Milei duplicó. Quirno, Di Chiaro y Plaza trabajaban en la “desmalvinización” de la agenda, más en sintonía con lo que se pregonaba bajo el gobierno de Mauricio Macri.
Uno de los puntos que más ofendió a los británicos -aunque igual van a los hechos materiales y menos a la retórica verbal- es que en sintonía con el posteo de Caputo -que a su vez recoge la línea Trump- consideraron al Reino Unido "pasado", “en declive”, y a la Argentina el “futuro”, “floreciente”.
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