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Se conocieron por carta y armaron una vida en la Argentina: la historia detrás de 'Amore del capo'

Se conocieron por carta y armaron una vida en la Argentina: la historia detrás de 'Amore del capo'

Jessica Fainsod reconstruye la historia de Ipolitina y Miguel, dos inmigrantes italianos que se conocieron por cartas. El relato atraviesa la Segunda Guerra Mundial, la adaptación

En Amore del capo, Jessica Fainsod recupera la historia de amor de Ipolitina y Miguel, dos inmigrantes italianos que se conocieron a través de cartas y construyeron juntos una vida en la Argentina. A través de sus recuerdos, la autora reconstruye una historia de amor pero también un universo familiar atravesado por la inmigración, la guerra, las comidas, las costumbres, los dichos populares y los vínculos entre generaciones.

En la cocina de su casa. Tina y Michele, con el libro que relata su historia, la de su familia y la de la pizzería Ipolitina. Foto Maxi Failla.

Dramaturga, poeta y periodista, Fainsod llegó a esta historia casi por casualidad, a través del barrio y de amigos. La curiosidad la llevó a entrevistar a Ipolitina y Miguel, tomar notas y, en algunas ocasiones, grabar sus conversaciones. El resultado es un libro en el que las voces de los protagonistas se entrelazan con la de la autora, que aparece en itálicas y acompaña el relato sin ocupar su centro. Además, el libro, editado por Colihue, es bilingüe para “realizar un cruce entre ambas lenguas y melodías”, cuenta la escritora.

“Quería ver si podía conservar la voz de ella y la voz de él, que además se pisaban, porque en las charlas familiares, sobre todo en las italianas, uno le cuenta algo al otro y en el medio se van entrelazando los diálogos. Y se arma una gran trama”, explica Fainsod.

Ipolitina tenía 19 años y ya era madre cuando se embarcó rumbo a la Argentina. Era el tiempo de la Segunda Guerra Mundial y América aparecía como una tierra de promesas. Miguel la esperaba en el puerto. Después se fueron a vivir a Palermo y comenzó para ambos una larga historia de adaptación y de construcción de una nueva vida en una tierra desconocida.

Un amor por correspondencia

La historia de amor había comenzado mucho antes, a través de cartas. Se habían casado en Italia, pero a Ipolitina no la dejaron subir al barco porque estaba embarazada. Regresó a la casa de sus padres mientras Miguel le enviaba cartas, el ajuar y ropa para el bebé. Durante un año se escribieron hasta que finalmente ella pudo viajar con su hijo, de apenas tres meses, para reencontrarse con él en la Argentina.

“Era otra época. Ella tenía 19 años cuando vino acá con un bebé de tres meses. Mientras él le mandaba cartas con el ajuar y con la ropita, no sé cuánto sabía de ese hombre. Era un anhelo. Durante un año se mandaron cartas, luego tuvieron al bebé y él después la estaba esperando acá. La madre la deja irse, pero era una promesa irse a otro país”, cuenta Fainsod.

El libro reúne recuerdos luminosos, pero también episodios duros. La Segunda Guerra Mundial aparece como una presencia constante en la memoria de los protagonistas. “La guerra es terrible. Los bombardeos aún hoy, a mis 91 años, los sigo escuchando”, recuerda Ipolitina.

Para Fainsod, acercarse a esos relatos implicó escuchar una memoria que sus protagonistas transmiten con una naturalidad conmovedora. “Lo cuentan naturalmente. Se acordaban del sacrificio y trasladaron el paralelo de su vida en Ricadi, en Italia, a Chacarita. Entonces, por ejemplo, tienen la huerta en la terraza. Todos los nietos se llevan de ahí albahaca, chaucha, puerro. Es increíble. Hicieron una réplica de su vida allá”, relata.

Los grandes acontecimientos históricos se mezclan así con los pequeños recuerdos cotidianos. Ipolitina recuerda, por ejemplo, la escasez de tinta durante la guerra y cómo tenían que obtenerla de la planta de saúco. Cuando terminó el conflicto llegó el tintero, un objeto sencillo que para ellos representó una enorme alegría: “Recordaban con nitidez cómo todos querían tener uno y la alegría porque ya no se iban a marchar”, cuenta Fainsod.

Fainsod también viajó a Italia para conocer el pueblo donde Ipolitina y Miguel habían pasado su infancia. Ese viaje le permitió comprender mejor el mundo del que provenían. “Cuando viajé, entendí que es un pueblito donde no hay veredas. En esa época, era más pueblo todavía. Y hoy no es una zona muy afectada por el turismo”, cuenta.

La experiencia terminó por darle otra dimensión al libro, que además de la historia de sus protagonistas incluye fotografías, poemas y recetas de cocina italiana. “Incluir la poesía no fue una decisión, surgió mientras iba armando el relato. Y además, como siempre, todo es una excusa para escribir, por lo menos en mi vida, ¿no? Así fue con el periodismo”, explica.

Jessica Fainsod es autora de Amore del capo (Colihue). Foto: Constanza Niscovolos.

La relación de Fainsod con la lengua italiana también tiene una historia propia. “Siempre amé el idioma italiano. Estudié un año y medio italiano, no lo hablo pero entiendo. Por un poeta que adoro, Giuseppe Ungaretti, que tiene un verso que abre el libro que dice: ‘Me ilumino de infinito’”, cuenta mientras saca el libro de su cartera. “Creo que mi interés por el italiano surge también de ahí, del interés por este poeta que es increíble”, agrega.

Un amor de verdad

¿Qué encontró Fainsod en esta historia de amor que atraviesa tantas décadas? “Es una historia de amor que nunca había visto, un amor de verdad, más en esta época. Pero no era sólo con él, sino con los nietos, con los hijos, con toda esa familia, esa cosa de tener paciencia y amor. Ella decía: ‘Bueno, ahora que somos grandes, paciencia, tenemos que aguantarnos el uno al otro’”.

Tina, cuenta la autora, era también quien empujaba a Miguel a salir a dar un paseo: “Le decía: ‘Vas a salir, vas a ver que cuando vuelvas vas a ser otro’. Que es cierto, ¿no?”.

En las palabras de Ipolitina aparecen además frases que funcionan como pequeñas enseñanzas de vida: “Siento que la vida no es tan complicada, que puede ser más fácil según cómo elijas vivir”.

Para Fainsod, esa mirada está profundamente vinculada con la experiencia migratoria. “En el barco, ella se asusta de ver gente de piel oscura porque no lo había visto. Lo distinto al principio te asusta. Ella tenía miedo de hablar al principio. Soy correntina, y cuando iba y venía, se reían de mi acento acá, y allá porque sonaba porteña”.

Miguel, en cambio, llegó con una idea clara: trabajar y abrirse camino. Su padre era sastre y él había aprendido el oficio. “Fue empleado muy poco tiempo”, cuenta Fainsod.

Uno de los aspectos que atraviesa Amore del capo es la visa cotidiana: la comida, las recetas, las reuniones familiares y las costumbres que sobreviven al paso del tiempo. “Para Tina la cocina y la comida son fundamentales. En el negocio de Ipolitina, yo tomaba nota. Y me decían: ‘Ojo, vos podés contar hasta un punto, después son secretos familiares’”, recuerda entre risas.

Libro en mano. Tina y Michele con su hijo Raimundo y Jéssica Fainsod, la autora del libro con su historia. Foto Maxi Failla.

La comida, la lengua, las recetas y los rituales familiares funcionan así como formas de conservar una identidad que atravesó el océano.

La muerte de Miguel convirtió la entrevista de Fainsod con Clarín en un momento especialmente significativo. Ese mismo día había recibido la noticia de su fallecimiento. Hablar del libro, entonces, adquirió también el sentido de un homenaje y reforzó una de las ideas centrales de la obra: la importancia de convertir las historias familiares en memoria escrita para que puedan sobrevivir a quienes las protagonizaron.

Protagonistas, trabajadores

“Me sorprenden los ecos que voy escuchando”, dice Fainsod. El libro fue presentado en la Feria del Libro el 1° de mayo, una fecha que para la autora tuvo un significado especial porque sus protagonistas fueron, ante todo, trabajadores. Allí también aparecieron nuevas generaciones que encontraron en la historia algo propio.

Fainsod dirige además una escuela de periodismo para niños, niñas y adolescentes, donde los alumnos realizan un periódico. En uno de los espacios donde dicta talleres, la Escuela del Sol, la dueña, Mariana Viro, tiene la misma edad que Miguel y se sintió especialmente identificada con el libro. “Le había gustado y se lo había regalado a sus amigas, que lo pudieron leer fácilmente. Y que la poesía le daba un poco de aire”, cuenta.

Tina en la puerta de Ipolitina, la pizzería y mercado italiano que abrieron sus nietos. Foto Maxi Failla.

La transmisión entre generaciones aparece incluso en una escena inesperada durante la presentación. Uno de los niños preguntó: “Ahora yo no entiendo. Si se conocieron por carta y por foto, ¿cómo es que después tuvieron un bebé así?”. Todos se rieron, pero él seguía sin entender. Para Fainsod, fue un momento profundamente emotivo. “Ella estaba muy interesada en eso. La idea de que está escrito y que es un legado para quien lo lea”.

Al final, Amore del capo vuelve una y otra vez sobre una misma pregunta: qué significa construir un hogar cuando todo lo conocido queda atrás.

“Creo que pasa por el amor”, dice Fainsod. “Estamos en una época en la que viaja mucha gente a verlos, para ver si son de verdad. ¿Son una fake news? ¿Son un holograma? Es desde el amor, parece cursi, pero no. Se puede armar una red. En general estamos todos medio solitos en esta ciudad. Es muy italiano, me parece”.


Amore del capo, de Jessica Fainsod (Colihue).

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