Fletcher Crowley y Lachie Bennett son amigos, viven en Australia y tienen un lema que los llevó a viajar por cuatro continentes en tres meses: “El mundo no es accesible, nosotros lo somos”. Todas sus aventuras las comparten en sus redes sociales bajo un usuario que describe parte de lo que son: “Dos compañeros y una silla”.
El nombre que eligieron se explica así: Fletcher quedó parapléjico a los 17 años tras fracturarse dos vértebras en un accidente de ciclismo de montaña. Si bien llega a estar de pie y movilizarse un poco, su condición lo agota inmediatamente.
Pero esta situación no le impidió ir por sus sueños y, de la mano de su amigo, recorrer Europa, Asia, África y Sudamérica. En cada traslado ambos encuentran un modo posible: ya sea en silla de ruedas o sobre la espalda de Lachie, llegan a cada uno de los destinos que se proponen.
Una de las anécdotas que mejor lo demostró fue cuando Bennett cargó a Crowley para subir los 268 escalones que conducen al Gran Buda de Hong Kong. “Aventureros, creativos e imaginativos”, se autodefinen. Y tales características parecen estar en lo correcto.
Amigos y aventureros
Fletcher Crowley y Lachie Bennett fueron al mismo colegio, pero recién después de graduarse entablaron una amistad. Se reencontraron en un centro de recuperación para personas con lesiones medulares al que Fletcher fue como paciente y en el que, casualmente, Lachie trabaja, según contaron a Clarín.
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Subida al Gran Buda en Hong Kong.
“Durante un turno de noche, terminamos cenando juntos y, por primera vez, nos sentamos a conversar tranquilamente. Tuvimos una conversación profunda, conectamos al instante y enseguida nos hicimos muy amigos. A partir de ahí, empezamos a vernos con frecuencia, a visitarnos, a salir juntos y a pasar cada vez más tiempo el uno con el otro”, reconstruyeron.
Los jóvenes descubrieron desde esa charla que tenían en común mucho más de lo que creían: “Ambos somos aventureros y nos encanta conocer gente nueva y vivir nuevas experiencias. También somos creativos e imaginativos, y compartimos la pasión por la música y la moda”.
Los amigos añadieron que su conexión va incluso más allá de una cuestión de gustos: “También nos entendemos a un nivel más profundo. Ambos hemos experimentado ansiedad y hemos aprendido a manejarla. Tener a alguien que comprende esa parte nuestra sin necesidad de muchas explicaciones fortaleció nuestra amistad”, destacaron.
Cuatro continentes y mil aventuras
Una oferta cambió el rumbo de sus planes. Los amigos empezaban a proyectar un viaje juntos pero, hasta ese momento, ni en sus mejores sueños creían que podría ser tan extenso. Entonces apareció un pasaje que, con múltiples escalas, les daba la posibilidad de visitar cuatro continentes. Y no lo dudaron.
“Aventureros, creativos e imaginativos”, se autodefinen Fletcher Crowley y Lachie Bennett. Foto IG @twomates1chair.
“Originalmente, solo planeábamos hacer un viaje de dos semanas juntos, pero luego una agencia ofreció una vuelta al mundo y, de forma bastante impulsiva, la compramos. Ese viaje de dos semanas acabó convirtiéndose en una gran travesía alrededor del mundo. Obviamente, fue un paso importante, pero simplemente nos lanzamos”, rememoraron.
El itinerario incluyó Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica. “Fue un viaje tan largo que resulta realmente difícil elegir solo algunos de los mejores momentos”, aseguraron.
Sin embargo, destacaron que uno de sus recuerdos más importantes fue subir los 268 escalones hasta el Gran Buda de Hong Kong. Lachie llevó a Fletcher a cuestas durante todo el ascenso. y llegar a la cima -dijeron- “fue un momento surrealista”. “Fue entonces cuando nuestra popularidad en las redes sociales empezó a despegar”, resaltaron. Son muchos los viajeros que se muestran en las redes, pero estos dos tenían un plus que conquistó los usuarios.
El itinerario de los amigos incluyó Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica. Foto IG @twomates1chair.
“Suiza fue otro de los momentos más destacados”, explicaron. “Una familia de allí se puso en contacto con nosotros y nos invitó a quedarnos con ellos, así que vivimos una experiencia auténtica. Comimos muchísimo queso, pasamos tiempo con ellos y descubrimos el país de una forma totalmente diferente”, señalaron.
Su forma de recorrer el mundo, se advierte, no es la convencional. Así lo demostraron también en Francia: “Nos alojamos con el amigo de un amigo que tenía una granja de ovejas, lo cual fue absolutamente increíble. Y nos hospedamos en una capilla del siglo X cerca de Niza, otra experiencia que jamás hubiéramos imaginado”.
¿Cuál es el límite? Aún no está claro. Entre Fletcher y Lachie hay un espíritu de camaradería, amistad, solidaridad y ayuda mutua que los empuja a seguir, más allá de las dificultades.
“Brasil fue completamente diferente otra vez. Recorrimos la selva en cuatriciclo, nos hospedamos en un hostal increíble en Florianópolis y conocimos a muchísima gente. Luego, en Sudáfrica, hicimos un safari, buceamos con tiburones e hicimos parapente. Fueron tantas experiencias increíbles en un solo viaje que es realmente difícil elegir”, afirmaron.
Del financiamiento a los obstáculos
Un safari, un monumento histórico al que se accede tras subir 268 escalones, un vuelo en parapente, una excursión a una cueva y más. Los planes fueron muchos, variados y nada pareció detenerlos. Ni los obstáculos ni el acotado presupuesto que tenían al principio.
“Sinceramente, al emprender el viaje esperábamos que fuera mucho más difícil de lo que resultó ser. Pensábamos que habría muchísimos desafíos, pero una vez que empezamos a viajar, nos adaptamos bastante rápido”, anticiparon.
“Los mayores obstáculos fueron probablemente encontrarnos con lugares inaccesibles. A veces teníamos que tomar una ruta más larga, buscar caminos alternativos para llegar a ciertos lugares o ingeniárnoslas para desplazarnos físicamente”, aseguraron.
Muchas veces eso significó que Lachie empujara a Fletcher en su silla de ruedas o lo llevara a cuestas. Sin embargo, esas circunstancias no los desanimaban: “Puede requerir un poco más de planificación y a veces las cosas tardan más, pero encontramos la manera de que casi todo funcione”, enfatizaron.
En Italia, los amigos posan entre sí. Foto IG @twomates1chair.
Para financiar el viaje, al principio, contaban con unos pocos ahorros. Pero, una vez que llegaron a las redes sociales, su periplo logró tal furor que una campaña de micromecenazgo logró los aportes necesarios para continuar la aventura.
“Una vez que empezamos a publicar videos, la gente empezó a mostrar interés en apoyar nuestra iniciativa. Lo que comenzó como una pequeña idea terminó ayudándonos muchísimo durante todo el viaje. Nos dio la libertad de ser espontáneos y decir que sí a cosas que de otro modo no habríamos podido hacer”, destacaron los creadores de la cuenta de Instagram @twomates1chair.
Y ampliaron: “También tuvimos muchísima suerte con el alojamiento: familias, amigos e incluso gente que conocimos en la comunidad nos invitaban a quedarnos con ellos, nos enseñaban los alrededores y nos daban un lugar donde dormir. Y también tuvimos mucha suerte con la comunidad que creamos y con la cantidad de gente que quiso formar parte de este proyecto”.
“No queremos que la gente nos mire y piense que lo que hacemos es extraordinario debido a la discapacidad”
¿A qué prejuicios se enfrenta esta pareja viajera durante sus travesías? “Creo que a veces la gente hace suposiciones sobre nosotros porque somos dos chicos jóvenes y Fletcher tiene una discapacidad. Si la gente no ve inmediatamente la silla de ruedas, podrían pensar que estamos bromeando cuando Fletcher va a cuestas o en brazos”, dijo Lachie.
Los amigos pudieron costear el viaje entre sus ahorros y una campaña de micromecenazgo. Foto IG @twomates1chair.
La lesión de su amigo, añadió, no lo define: “La gente también puede hacerse suposiciones sobre lo que Fletcher es o no es capaz de hacer sin conocerlo realmente. Él es capaz de mucho más de lo que la gente piensa inicialmente”.
A la hora de describir la reacción de algunas personas al verlos, admitieron: “Creo que la gente se sorprende porque no es algo que se vea muy a menudo. Cuando uno piensa en dos jóvenes viajando juntos por el mundo, no se imagina necesariamente que uno de ellos use silla de ruedas”.
Esa sorpresa, los estereotipos alrededor de las personas con discapacidad y algunos mitos fueron algunas de las razones que los llevaron a emprender el viaje: “Queríamos que la gente viera que tener una discapacidad no significa que no puedas experimentar el mundo, ser espontáneo, conocer gente y hacer todas esas cosas increíbles”.
Y el efecto que generaron en esos otros, explicaron, fue una suerte de recompensa: “Muchos nos dijeron que ver lo que hicimos les dio esperanza o les hizo pensar: ‘Quizás yo también pueda hacerlo’. Esa es probablemente la parte más gratificante”.
“No queremos que la gente nos mire y piense que lo que hacemos es extraordinario debido a la discapacidad. Queremos que la gente nos mire y piense: ‘Si ellos pueden hacer todo eso, tal vez no haya nada que me impida hacer lo que yo quiero hacer’”, enfatizaron.
Según Crowley, esta experiencia valió cada minuto invertido, cada esfuerzo realizado y cada obstáculo superado. A las personas con discapacidad que duden sobre viajar, recomendó: “Mi consejo es, sinceramente, que lo hagas. Viajar es una parte esencial de la experiencia humana: ver el mundo, conocer diferentes culturas y descubrir las diversas formas de vida de las personas. No importa adónde vayas, siempre habrá alguien dispuesto a ayudarte y una red de apoyo que hará posible tu viaje”.
“Queríamos que la gente viera que tener una discapacidad no significa que no puedas experimentar el mundo”. Foto IG @twomates1chair.
“Yo soy tu amigo fiel”
El vínculo que estos jóvenes construyeron ya trascendió los viajes. Van de la risa a la seriedad, según amerite, a la hora de hablar de las virtudes del otro.
Lachie comenzó con humor al momento de mencionar lo mejor de viajar con Fletcher: “Sinceramente, el sticker de estacionamiento es una auténtica maravilla. Conseguimos estacionar en primera fila prácticamente en todas partes, lo que facilita muchísimo los desplazamientos”.
Pero inmediatamente se puso serio y aseguró: “Viajar con Fletcher me enseñó mucho sobre la paciencia. Por naturaleza, suelo ser bastante impaciente, y viajar con él me enseñó a bajar el ritmo, a ser más paciente y a no ir siempre apurado de una cosa a otra. Es muy gratificante, y con Fletch todo es una aventura. Siempre hay algo que hacer y es muy divertido poder vivirlo todo con él”.
Tienen 20 años, son australianos y ya viajaron por cuatro continentes. Foto IG @twomates1chair.
Fletcher, por su parte, enfatizó: “Viajar con Lachie es increíble. Los recuerdos que compartimos son totalmente únicos, experiencias irrepetibles que nadie más en el mundo vivió de la misma manera. Gracias a esa conexión especial, cada viaje se convierte en algo verdaderamente inolvidable”.
Crowley destacó también el apoyo que su amigo le otorga, física y emocionalmente: “Me ayuda en todo lo que hacemos y me carga cuando lo necesito. Sin él, podría viajar, pero no como yo quiero. Me da la libertad de disfrutar plenamente de cada lugar sin restricciones. Ya sea subir los 268 escalones de Hong Kong o llegar a la cima de Cape Point en Sudáfrica, él hace posible esos momentos”.
“Me permite viajar por el mundo a mi antojo, y estoy muy agradecido de tenerlo a mi lado en todo momento”, concluyó.
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