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Baja de la natalidad: advierten por un desequilibrio que exige mayor inversión del Estado

Baja de la natalidad: advierten por un desequilibrio que exige mayor inversión del Estado

Argentina atraviesa una caída histórica de los nacimientos: en una década se redujeron casi a la mitad y la fecundidad llegó a 1, 3 hijos por mujer. Un nuevo informe de UNICEF aseg

Argentina atraviesa una transformación demográfica que obliga a repensar no solo cuántos niños y niñas nacerán en los próximos años, sino también en qué condiciones crecerán. La cantidad de nacimientos se redujo a la mitad en una década y la fecundidad alcanzó uno de sus niveles más bajos de la historia. Un nuevo informe de UNICEF plantea que menos niños no significa menos necesidades. En cambio, abre la oportunidad para mejorar las condiciones de vida de quienes nacen y reducir las desigualdades que existen en el país.

El "Monitor de la niñez y la adolescencia Natalidad en Argentina. Descenso reciente y perspectivas", que presentó UNICEF este miércoles muestra la magnitud del cambio. En diez años, los nacimientos pasaron de 777.012 en 2014 a 413.135 en 2024: una caída cercana al 50%. La tasa global de fecundidad llegó a 1,3 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 hijos que se considera el nivel de reemplazo poblacional.

En los últimos 25 años la fecundidad mundial cayó un 21%. “En el caso de Argentina, duplica el contexto internacional, llegando a los niveles más altos junto a Chile”, señaló María Elena Úbeda, representante adjunta de UNICEF en Argentina. "El desafío será mirar a la niñez futura con una lógica distinta: ya no solo preguntarse cuántas niñas o niños nacerán, sino dónde, en qué hogares, en qué condiciones materiales de vida y con qué accesos a cuidados, salud, educación y protección", subrayó.

El informe advierte sobre la persistencia de brechas estructurales en la natalidad. Por un lado, se observa una disparidad según el nivel educativo de las mujeres, dado que aquellas con secundaria completa registran una menor tasa de fecundidad en comparación con quienes no alcanzaron dicho nivel. Por otro lado, resalta la necesidad de considerar la heterogeneidad territorial; un ejemplo es que Santa Cruz registra la caída más pronunciada de nacimientos, mientras que Misiones experimenta el menor descenso.

La baja de la natalidad no es igual en todo el país. Foto: UNICEF

Pero el informe dice que la explicación no puede reducirse a una supuesta decisión colectiva de tener menos hijos. Parte del descenso se vincula con la fuerte reducción de la fecundidad adolescente y con la postergación de la maternidad. Sin embargo, la caída de la fecundidad entre los 20 y los 30 años no estuvo acompañada por una recuperación suficiente en edades posteriores.

En Argentina, la natalidad adolescente se redujo el 60% entre 2015 y 2022, al pasar de 64 a 25 nacimientos cada mil adolescentes. La disminución es, para todos los especialistas, un dato positivo. Implica que más adolescentes pueden transitar esa etapa sin asumir tempranamente responsabilidades de maternidad y sostener sus estudios y ampliar sus proyectos de vida. Pero qué pasa con quienes sí desean tener hijos y no pueden hacerlo en el momento o en la cantidad que quisieran.

Carolina Aulicino, oficial de Política Social de UNICEF Argentina, planteó que el descenso de la cantidad de niños no debería traducirse en una reducción automática de las políticas destinadas a la infancia.

“Se trata de una ventana de oportunidad en la planificación de respuestas en términos territoriales para mejorar la calidad de las intervenciones y reducir brechas”, sostuvo. Y agregó: “La baja fecundidad avanza sobre un mapa provincial muy desigual. Esa configuración refuerza la necesidad de orientar las intervenciones hacia provincias, departamentos y grupos sociales con mayores desafíos”.

La mayoría de las personas asegura que no tiene la cantidad de hijos que desea. Foto: UNICEF

El problema no es que nazcan menos niños, sino qué hace el Estado y la sociedad con los niños que ya tiene y cómo garantiza derechos para los que nacerán. Una Argentina con menos nacimientos podrá disponer de más recursos por niño. Los especialistas marcaron la necesidad de invertir en educación, salud y cuidados.

"Las mujeres ampliaron su participación educativa y laboral mucho más rápido de lo que se transformó la organización del cuidado. Las tareas domésticas y de crianza siguen recayendo de manera desproporcionada sobre las familias y, dentro de ellas, sobre las mujeres y niñas", asegura el informe de UNICEF.

¿La gente ya no quiere tener hijos?

“Se instaló una idea de que ya no queremos tener más hijos y no es así”, planteó Mariana Isasi, jefa de oficina del UNFPA en Argentina. Según explicó, hay condicionantes contextuales. El 57% de las personas quisiera tener más hijos pero no puede, y entre los principales obstáculos aparecen las cuestiones económicas, los problemas de vivienda, los trabajos precarizados, el desempleo y la falta de un sistema de cuidados.

Para Isasi la discusión no debería ser cómo convencer a las personas de que tengan más hijos, sino cómo remover los obstáculos que enfrentan quienes sí desean hacerlo.

La baja de la natalidad es un desafío en términos económicos. Foto: UNICEF

Eso implica políticas públicas capaces de garantizar acceso a salud, educación y cuidados. Y también reconocer que algunos de los cambios de los últimos años son positivos. Isasi destacó como una buena noticia la fuerte caída de la natalidad adolescente y el corrimiento de la edad del primer hijo, que se ubica alrededor de los 29 años. “Hay desesperación para que nazcan chicos, pero ¿qué hacemos con los que están naciendo?”, preguntó.

Jorge Paz, consultor de UNICEF e investigador del Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico (IELDE), puso el acento en los condicionantes económicos y en la diferencia entre fertilidad efectiva y fertilidad deseada. La cantidad de hijos que finalmente tienen las personas no necesariamente coincide con la cantidad que hubieran querido tener. Entre ambas cifras aparece un conjunto de restricciones económicas, laborales, habitacionales y de cuidados.

Gala Díaz Langou, directora del International Panel for Social Progress (IPSP), señaló que en una década habrá un millón menos de chicos y, al mismo tiempo, estará llegando a su fin el llamado bono demográfico. La especialista planteó la necesidad de aprovechar esta etapa para producir mejoras cualitativas en salud, educación y cuidados y cerrar las brechas que persisten entre territorios y grupos sociales.

También llamó a remover los obstáculos para quienes desean tener hijos: ampliar las políticas de cuidado, mejorar los servicios, garantizar tratamientos de fertilidad y generar condiciones laborales y económicas que hagan compatible la maternidad y la paternidad con otros proyectos de vida.

La otra gran cuestión será cómo sostener una economía y un sistema de protección social con una población activa proporcionalmente menor. Díaz Langou señaló que será necesario aumentar la productividad con menos personas, y que para eso la educación será fundamental. Hoy solo uno de cada diez estudiantes termina la escuela secundaria en tiempo y forma.

El desafío, dicen los expertos, no es producir más nacimientos a cualquier precio. Tampoco convertir la maternidad en una obligación social. Se trata de garantizar que quienes no quieren tener hijos puedan desarrollar su proyecto de vida sin presiones y que quienes sí quieren tenerlos no encuentren obstáculos en la falta de vivienda, los bajos salarios, la precariedad laboral, la ausencia de cuidados o las dificultades para acceder a tratamientos de fertilidad.

Menos nacimientos pueden representar una oportunidad: pasar de atender cada vez más cantidad de niños a garantizar mejores condiciones para cada uno.

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